Desde mi balcón llega a verse la iglesia de Lourdes, cuya torre se recorta en el horizonte inconfundible, pequeña en la distancia.
El sol caía una vez más, esta vez en una paleta de tonos lilas. De momento quedó cubierto por una capa de nubes, a las cuales festoneó de naranja antes de ocultarse definitivamente tras un edificio del horizonte.
No me canso de ver el atardecer!!









