Desde mi ventana veo asomar entre los techos destellos amarillos, cada vez más intensos. El barrio está cubierto de una alfombra de hojas doradas y marrones, crujientes en todo caso, y de ese olor característico a las hojas secas. Es el momento más colorido del otoño, tal vez también el más efímero. En pocos días, todo será ramas peladas, frío gris… preludio al invierno… Mientras tanto, sol tibio en la cara bajo las copas doradas.
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Mañana de a pie
Amarilleando
Avanza el otoño, avanzan las pinceladas amarillas por sobre los techos del barrio. Gracias a Dios todavía es un barrio bajo, y lo digo con culpa de vivir en un 5° piso. El “progreso” ha traído de la mano demasiados edificios.
En fin, aún sobreviven las casas bajas y los árboles amarillos asoman tras ellas. La ciudad vuelve a cambiar de color, como cada año.
Día 169 – Por la calle
Otra más. Es algo irresistible. Me gustan los colores, las nervaduras, los contornos. Esa mezcla de verdes y marchitos, los pequeños ricitos de los bordes. Me gusta la irreverencia del viento que te depositó en la vereda recién barrida.
El otoño se va terminando… me quedo con las imágenes antes de que se las lleve el invierno.
Día 168 – En colores
Cosas que uno ve cuando camina por allí, cosas que te llaman la atención, que te detienen en el caminar a mirar el reloj y decir: “tengo un minuto para capturar tu color antes de que se lo lleve el viento, o tendré que correr para alcanzar el colectivo?”
Y en cuclillas en la vereda, me llevo la imagen…
Día 159 – Entre las ramas
Caminaba de regreso a casa maravillada por los colores del atardecer. Un día puede tener notas de color si uno sabe abrir bien los ojos. Y miraba los colores entre las ramas, y me daba cuenta que el invierno, tan próximo, también tiene su encanto. Es el tiempo de descubrir los nidos entre las ramas grises… es la esperanza de renacer en cada yema dormida…
Día 158 – Rojo y ocre
Día 155 – Amarillo y ocre
Día 152 – La alfombra
Día 145 – El parque en otoño
Hay rincones de la ciudad que tal vez están olvidados. Benditamente olvidados. Afortunadamente olvidados. Sentarse en el parque a tomar unos mates y sentirse en medio del campo no tiene precio. Ver las hojas caídas, los árboles grandes y poco tocados por la mano podadora. Los olores de la tierra húmeda, del alcanfor y del eucalipto. Pequeños rincones campestres en medio de la selva urbana.









