Los chicos bajaron a la playa, se arrimaron al agua, y quedaron ahí, inmóviles, mudos, contemplando el lago y sus alrededores. Después, como son chicos, comenzaron a buscar piedras para hacer sapitos y volvieron al bullicio habitual. Pero esos minutos contemplativos me parecieron sublimes.
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Día 290 – Gané!!
Día 216 – Ángel
Jorge dijo: “Dos silbatos para Alan en el Reino de los Cielos… Otros senderos… Otras cumbres… Otros logros… Pero siempre con nosotros en Suyai…”
Alan me sonríe en su foto de perfil, los ojos claros, llenos de chispitas, la mirada lúcida y transparente y la sonrisa amplia mostrando todos su dientes. Alan me sonríe en el recuerdo, su cara a través de las ventanas del Suyai en la noche helada en que me explicó que se iba a lavar los dientes, y tantos otros recuerdos del campamento compartido. Y su voz resuena en mi cabeza tan nítida como si la estuviera escuchando ahora.
Alan nos sonríe desde el cielo a donde caminó primero. Y sé que cuando nos toque llegar, el nos estará esperando para hacernos el bautismo: nos abrazará como nos abrazábamos al llegar a aquellos puntos especiales de la montaña, nos llevará con los ojos cerrados y la confianza depositada en él… y nos mostrará las maravillas del Reino de los Cielos…
Hasta entonces… cómo lo vamos extrañar!!
Día 23 – Hoy me muero por volver
Ismael Serrano finaliza su canción “Vine del Norte” con esa frase: hoy me muero por volver. Es una frase muy sentida y una canción que me llena profundamente.
Me colgué a ver las fotos del campamento… las paso una y otra vez, como deseando teletransportarme a esos lugares y volver a esos momentos para continuar allí…
Pero estoy aquí, y no me hallo…
Día 22 – Hasta pronto
No sé cuánto tiempo estuvieron allí, inmóviles. Probablemente lloraban por momentos, como todos los demás. La imagen era demasiado conmovedora.
Con los bolsos listos, esperando el micro, todos perdían sus ojos en el horizonte como si fuera la última vez que lo vieran. Todos mudos, estatuas…
Es que el Suyai, como lo dijo Choco en el fogón, es más que el lugar. Es el compartir, es el darse la mano, es el aprender unos de otros. Y en el momento de la partida, es esa cotidianeidad la que se corta y la que cuesta dejar atrás.
Sin embargo, la llamita encendida ardiendo en nuestros corazones perdurará durante la vida cotidiana… hasta la próxima vez!!
Día 20 – Celebrar la vida
Llegó el día, y falta uno para los 30.
Nunca creí que iba a tener un cumpleaños con mis alumnos y colegas, justamente, porque cumplo en medio de las vacaciones. Nunca digas nunca.
Me cantaron tantas veces el cumpleaños feliz… y nada más acertado. Porque este ha sido casi sin dudas el cumpleaños más feliz que he tenido. Hubo pocos días en mi vida tan emocionantes como hoy, casi no tengo palabras para expresar lo que fue.
Y como les dije cuando me pidieron de hablar… si el cumpleaños es celebrar la vida, este tipo de cosas son los rayos de luz que te dan ganas de seguir viviendo!!
Día 19 – Encendiendo la caldera
Día de trabajo, de mantenimiento. Poca lluvia, gracias a Dios. Pasamos el día entre el ruido del martillo, de la sierra, entre el mate que rueda de mano en mano mientras se corta leña o se limpia. Y finalmente, a encender la caldera, todos queremos bañarnos!!
Señoras y señores, esta es la vida cotidiana del Suyai.
Día 18 – Que alguien cierre la canilla!!
Me levanto temprano, me asomo a la puerta de la cabaña de los dormitorios. El techo chorreaba…
Después de almorzar, me asomo a la puerta de la cocina: el agua repiqueteaba en los charcos…
Nuestras ilusiones de acampar se esfumaron, así que nos fuimos al lago bajo la lluvia.
Día 17 – Un respiro
Día 16 – Pasados por agua, otra vuelta…
Cada día que amanecía lloviendo era un día menos en la posibilidad de volver a salir a acampar.
Con la moral tan baja, ese domingo decidimos amasar pizza para todos (para 42, vale aclarar); y para acompañar, decidimos comprar unas Coca Colas para levantar el ánimo de la tropa.
Fue una verdadera fiesta adentro, mientras afuera seguía lloviendo.










