Agua y frescor

El valle de Tafí

El valle de Tafí

Está comprobado: en Santiago del Estero hace 50°C de calor a la sombra. No es un cuento.

Terminamos haciendo lo que habíamos dicho que no haríamos: cruzar el monte santiagueño al mediodía, y sin aire acondicionado. Al mediodía decidimos parar a almorzar en una “placita” de un pueblo que encontramos en la ruta: tierra pelada y algunos árboles ralos, pero allí comimos.

El calor abrasaba, así que decidimos buscar un arbolito donde dormir una siesta hasta que aflojara el sopor. Buscamos infructuosamente un camping en aquel páramo, hasta que decidimos tirar una lona bajo unos árboles ralos para tratar de dormir allí. Entre el yuyal, las piedras del suelo, el bicherío que nos atacaba, no era el mejor espacio… y al mirar arriba, el arbolito era ralo ralo que dejaba pasar montones de sol; y el calor… ese no lo paraba nadie, ya invadía todo todo todo. Imposible escaparle, así como descansar.

En una última ilusión desesperada, fuimos a la estación de servicio pensando que allí habría un aire acondicionado. Error, sólo había un enorme ventilador echando aire a todo motor… parecía un secador de pelo…

Entonces seguimos viaje, nos esperaba un Tucumán verde, aún abrasador pero nublado. Luego nos internamos en la serpenteante ruta  de la yunga hacia Tafí. La selva se abría sobre los cerros en cada curva, un milagro verde. Plantas que trepaban sobre los árboles, lianas que caían sobre la ruta, una bendición.

Y de repente, llegamos arriba y todo cambió: apareció un valle verde y el embalse. Tanta agua junta del valle de Tafí fue un milagro para nosotros después de nuestra aventura en el monte. Empezaban a aparecer los paisajes más bellos y con ellos el frescor!!

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