Gente que me hace falta

Huerta

Llegue al colegio y me encontré con Sandra. Conversando con ella los escasos minutos que pude demorar el comienzo de mi tarea diaria, me di cuenta cuánto la extraño, a ella y a otros jubilados. Extraño su mesura, su paciencia, su calma. Su compromiso, su trabajo. Extraño tener a alguien que tire a la par conmigo para salir adelante.

En el recreo la extrañé más, ante la desmesura, los gritos que imponen un tema de conversación peor que banal, el desparpajo para mostrar la vagancia, y la impunidad con que se desenvuelven.

En ese minuto en casa antes de volver a salir, le mandé a Sandra por whatsapp la foto de mis acelgas, de mi rúcula, de mis apios y del compost. Y conversamos más, al menos por ahí.

No será mucho… pero algo es algo.

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