Azul

Arte para pensar

El día estaba frío, aún gris. “¿Seguirá lloviendo?” me preguntaba al mirar por la ventana. “¿Será conveniente quedarme otro día completo encerrada en casa?” Sabía que eso significaba otro día de soledad (con Flor nunca me siento sola), libros, televisión y tejido. Entonces me animé a salir: llegaría al mediodía, vería la muestra, comería algo en el café del Proa que tiene vista panorámica y volvería tempranito antes de la caída del sol. Y lo logré. Llegué a casa para ver el atardecer en el balcón. En todo caso, fue día de libros, ya que en la hora larga de viaje de casa a La Boca me fui y volví leyendo.

Yves Klein me hizo pensar. Descargué la audioguía de internet, tal como sugerían en la entrada. Suplió bien la visita guiada que yo esperaba aprovechar, es más, me permitió ir a mi ritmo. No hubiera entendido nada si no recibía orientación. Me sumergí en el azul de Klein, en sus concepciones del arte, en su filosofía y en cómo la plasmaba en el papel. Me sorprendí con sus técnicas, sobre todo en sus pinturas a fuego, y me quedó sin entender una parte, la de la transferencia de zonas de sensibilidad pictórica inmaterial.

Todo arte enriquece; pese al frío, me sentí contenta de haber salido en este domingo y haber vuelto con algo nuevo para incorporar.

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